Ástor Piazzolla

(Versión castellano)

Cuando hoy en día pensamos en la obra de Ástor Pantaleón Piazzola, en general, no podemos evitar asociarlo al tango y a la expresión musical argentina. En cambio, no fue siempre así. En sus comienzos, los críticos musicales argentinos lo acusaron de destructor del género, así, los “tangueros” tradicionales lo denominaron asesino del tango, decretando que sus composiciones no respetaban el género musical ni su danza, a lo que Piazzola respondió que se trataba de música contemporánea argentina. A pesar de ello, en las emisoras de radio del país siguió sin sonar su música y los críticos continuaron atacándola diciendo de él, que era un snob. Ástor Piazzolla hacía las siguientes declaraciones en 1954: «Sí, es cierto, soy un enemigo del tango; pero del tango como ellos lo entienden. Si todo ha cambiado, también debe cambiar la música de Buenos Aires. Somos muchos los que queremos cambiar el tango, pero estos señores que me atacan no lo entienden ni lo van a entender jamás. Yo voy a seguir adelante, a pesar de ellos».

Y eso hizo, seguir componiendo, seguir estudiando, seguir tocando el bandoneón y haciendo arreglos para las orquestas mas importantes de Argentina. En sus últimos años de vida, fue reivindicado por muchos músicos contemporáneos, pertenecientes a diferentes géneros como el jazz, la música clásica, o la música ligera, entre otros. Incluso por intelectuales que reconocieron en su música una grandísima aportación a la cultura contemporánea. Su obra es muy vasta, así como sus experiencias acumuladas.

Con tan sólo 19 años, su osadía le llevó a presentarse en 1940 en la casa donde se hospedaba Arthur Rubinstein, instalado en Buenos Aires a causa de una gira de conciertos. La generosidad del pianista, así como su buen carácter, hizo que después de escuchar su música, declarara que lo tomaba como protegido y lo mandase a estudiar con Alberto Ginastera, compositor afamado y conocidísimo en Argentina. No sería hasta 1954, un año después de ganar el concurso Fabien Sevitzky, con su obra Buenos Aires (Tres movimientos sinfónicos) compuesta en 1951, cuando utilizó el dinero obtenido en el premio para viajar a Europa y estudiar en París con la célebre pedagoga musical francesa, Nadia Boulanger. No era una suma muy cuantiosa, pero sí lo suficiente como para comprar dos pasajes en un buque carguero que, tras cuarenta y cinco días de viaje, les desembarcaría en Europa a través de Ámsterdam. Cuando le preguntaban a Piazzola por este viaje, siempre contestó que había viajado a París con una beca, no se sabe si por un guiño humorístico o por cierta amargura de no haber sido reconocido por las instituciones argentinas.

Con Nadia Boulanger aprendió composición, pero también la certeza de que poseía algo propio: el tango. Con ello contestaba a la propia apreciación de Ástor Piazzolla ante Nadia Boulanger, de que no tenía nada que ofrecer musicalmente y de que le faltaba formación técnica. Y eso es algo que para los del otro lado del charco era evidente. Así como para aquellos que el tango forma parte de una cultura musical propia, los tangos de Piazzola no son verdaderamente tangos. Aunque, para los que lo conocemos de lejos, (tan lejos como un océano de distancia), la música de Piazzola nos suena a tango y resulta sinónima de la idea que se tiene en Europa de la ciudad de Buenos Aires.

Algo debía tener el “Gato” (apodo con el que se trataba a Piazzolla) a los trece años, que Carlos Gardel lo concertó para que apareciese en su famoso largometraje, El día que me quieras. En la película, Alberto Castellano debía tocar el piano y, Piazzola, el bandoneón para acompañar a Gardel, pero el piano era tan malo que tan solo fue el pibe quién acompañó los números musicales al cantante argentino. Al finalizar la grabación, Carlos Gardel ofreció un asado en honor a todos los argentinos y uruguayos que vivían en Nueva York. ¡Qué gran bautismo con el tango! Carlos Gardel envió un par de telegramas al padre de Piazzola para que autorizase la participación del muchacho en la gira de Gardel. Afortunadamente para Ástor Piazzolla y también para la música, el señor Vicente Piazzolla, se negó, debido a la corta edad de su hijo. Y fue una suerte no participar en esta serie de conciertos ya que en el primer vuelo para iniciar la gira, Gardel y todos sus músicos perderían la vida al estallar el avión.

De entre toda la obra compuesta por Ástor Piazzola, que no es poca, destacan dos piezas que se han interpretado muchísimo, una de ellas llegó incluso a recibir un premio Grammy en 1982, se trata de la pieza Oblivion, incluida en la banda sonora para la película Enrique IV de Marco Bellocchi, y, basada en la obra de teatro de Luigi Pirandello. En esta obra, el personaje principal es un actor que se encuentra representando el papel de Enrique IV, sufre una caída que le hace perder la memoria y no consigue asimilar el papel del personaje que está representando. Oblivion (olvido en inglés) música que Piazzola compuso para la película, es una pieza que mezcla la tristeza con la melancolía y algo de dramatismo. Se trata de una melodía enunciada en el original por el bandoneón, pero que posteriormente se ha arreglado para numerosas formaciones, acompañado por un bajo repetitivo que da estabilidad rítmica a la obra. Podríamos decir que se trata de una milonga lírica; ritmo precursor del tango.

Otra de las piezas representativas del compositor, es un tango llamado Adiós Nonino, compuesto tras la noticia de la muerte del padre de Ástor Piazzola… Estas piezas musicales, resumen, de forma magistral, el estilo de Piazzola, un estilo donde se combinan los ritmos argentinos, con unas melodías de corte clásico, intensas, a la par que líricas, un estilo muy cercano al tango, pero suficientemente alejado como para poder decir que son, Piazzola, en talante genuino.

(Versión valenciano)

Quan hui dia pensem en l’obra d’ Ástor Piazzola, en general, no podem evitar associar-ho al tango i a l’expressió musical argentina. En canvi, no va ser sempre així. En els seus començaments, els crítics musicals argentins el van acusar de destructor del gènere; així, els tangueros” tradicionals el van denominar assassí del tango, decretant que les seues composicions no respectaven el gènere musical ni la seua dansa, al que Piazzola va respondre que es tractava de música contemporània argentina. Malgrat això, en les emissores de ràdio del país va seguir sense sonar la seua música i els crítics van continuar atacant-la dient d’ell, que era un snob. Ástor Piazzolla feia les següents declaracions en 1954: «Sí, és cert, soc un enemic del tango; però del tango com ells ho entenen. Si tot ha canviat, també ha de canviar la música de Buenos Aires. Som molts els que volem canviar el tango, però estos senyors que m’ataquen no ho entenen ni l’entendran mai. Jo seguiré avant, malgrat ells».

I això va fer, continuar component, continuar estudiant, continuar tocant el bandoneó i fent arranjaments per a les orquestres mes importants de l’Argentina. En els seus últims anys de vida, va ser reivindicat per molts músics contemporanis, pertanyents a diferents gèneres com el jazz, la música clàssica, o la música lleugera, entre altres. Fins i tot per intel·lectuals que van reconéixer en la seua música una grandíssima aportació a la cultura contemporània. La seua obra és molt vasta, així com les seues experiències acumulades.

Amb tan sols 19 anys, la seua gosadia li va portar a presentar-se en 1940 a la casa on s’allotjava Arthur Rubinstein, instal·lat a Buenos Aires a causa d’una gira de concerts. La generositat del pianista, així com el seu bon caràcter, va fer que després d’escoltar-li la seua música, declarara que el prenia com protegit i l’enviara a estudiar amb Alberto Ginastera, compositor famós i reconeixcut a l’Argentina. No seria fins a 1954, un any després de guanyar el concurs Fabien Sevitzky, amb la seua obra Buenos Aires (Tres moviments simfònics) composta en 1951, quan va utilitzar els diners obtinguts en el premi per a viatjar a Europa i estudiar a París amb la cèlebre pedagoga musical francesa Nadia Boulanger. No era una suma molt quantiosa, però sí suficient com per a comprar dos passatges en un vaixell de càrrega que, després de quaranta-cinc dies de viatge, els desembarcaria a Europa a través d’Amsterdam. Quan li preguntaven a Piazzola per este viatge, sempre va contestar que havia viatjat a París amb una beca, no se sap si per una picada d’ullet humorística o per una certa amargor de no haver sigut reconegut per les institucions argentines.

Amb Nadia Boulanger va aprendre composició, però també la certesa que posseïa una cosa pròpia: el tango. Amb això contestava a la pròpia apreciació de Ástor Piazzolla davant Nadia Boulanger, que no tenia res a oferir musicalment i que li faltava formació tècnica. I això és una cosa que per als de l’altre costat de l’oceà atlàntic era evident. Així com per a aquells que el tango forma part d’una cultura musical pròpia, els tangos de Piazzola no són veritablement tangos,  als que els coneixem des de lluny, (tan lluny com un oceà de distància), la música de Piazzola ens sona a tango i resulta sinònima de la idea que es té a Europa de la ciutat de Buenos Aires.

Alguna cosa havia de tindre el “Gato” (sobrenom amb el qual es tractava a Piazzolla) als tretze anys, que Carlos Gardel el va concretar perquè apareguera en el seu famós llargmetratge, El día que me quieras. En finalitzar la gravació, Carlos Gardel va oferir un rostit en honor a tots els argentins i uruguaians que vivien a Nova York. En aquesta festa, Alberto Castellano havia de tocar el piano i, Piazzola, el bandoneón per a acompanyar a Gardel, però el piano era tan dolent que tan sols va ser el pibe qui va acompanyar els números musicals al cantant argentí. Quin gran baptisme amb el tango! Carlos Gardel va enviar un parell de telegrames al pare de Piazzola perquè autoritzara la participació del jove en la gira de Gardel. Afortunadament per a Ástor Piazzolla i també per a la música, el senyor Vicente Piazzolla, es va negar, a causa de la curta edat del seu fill. I el motiu de que fóra una sort no participar en esta sèrie de concerts, fou ni més ni menys que en el primer vol per a iniciar la gira, Gardel i tots els seus músics perdrien la vida en explotar l’avió.

D’entre tota l’obra composta per Ástor Piazzola, que no és poca, destaquen dues peces que s’han interpretat moltíssim, una d’elles va arribar fins i tot a rebre un premi Grammy en 1982, es tracta de la peça Oblivion, inclosa en la banda sonora per a la pel·lícula Enric IV de Marco Bellocchi, i basada en l’obra de teatre de Luigi Pirandello. En esta obra, el personatge principal és un actor que es troba representant el paper d’Enric IV, i que pateix una caiguda que li fa perdre la memòria, i no aconsegueix assimilar el paper del personatge que està representant. Oblivion (oblit en anglés) música que Piazzola va compondre per a la pel·lícula, és una peça que mescla la tristesa amb la melancolia i una mica de dramatisme. Es tracta d’una melodia enunciada en l’original pel bandoneón, però que posteriorment s’ha arreglat per a nombroses formacions, acompanyat per un baix repetitiu que dona estabilitat rítmica a l’obra. Podríem dir que es tracta d’una milonga lírica; ritme precursor del tango.

Altra de les peces representatives del compositor, és un tango anomenat Adeu Nonino, compost després de la notícia de la mort del pare de Ástor Piazzola… Estes peces musicals, resum, de manera magistral, l’estil de Piazzola, un estil on es combinen els ritmes argentins, amb unes melodies de tall clàssic, intenses, al mateix temps que líriques, un estil molt pròxim al tango, però prou allunyat com per a poder dir que són, Piazzola, en estat pur.

Ástor Piazzolla (Mar de Plata 1921 – Buenos Aires 1992)

Publicado por rosellolmos

Profesora de piano de vocación, amante de la música y apasionada de las artes. Conjugando todo esto con la educación surge un blog con la clara intención pedagógica de difundir la música clásica y con el objetivo de que esta sea incluída por los jóvenes en sus listas de música

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