Élisabeth Jacquet de la Guerre. La Petite Merveille de Versailles

(Versión en castellano)

Cuando se habla de las mujeres en la historia de la música es habitual contar historias de talentos inmensos no reconocidos, renuncias, publicaciones bajo pseudónimos masculinos o, lo que es peor, publicaciones escondiendo la autoría. Son historias de falta de reconocimiento social, tristeza y resignación. Son historias de desigualdad por el mero hecho de ser mujer. Pero en ocasiones, se encuentran historias de compositoras que disfrutaron del reconocimiento, del éxito y la valoración durante su trayectoria personal, aunque con mucho esfuerzo, por supuesto.

Este es el caso de Élisabeth-Claude Jacquet de la Guerre, clavecinista brillante, nacida en 1665 y conocida como la Petit Merveille tras ser presentada en la corte del rey Luis XIV a la edad de cinco años. Fue gracias a esta presentación que, partir de ese momento, se quedó en la corte de Versalles viviendo en casa de la duquesa de Montespan (favorita del rey) y recibiendo una  educación exquisita que tendría como objetivo desarrollar su potencial al máximo. No es que el rey Sol tuviese un ataque de feminismo y apoyase su formación musical animándola a estudiar, no sólo clavecín, sino también los entresijos de la composición, ¡no!, ¡nada de eso! Hablar de derechos de la mujer en la corte del rey Sol era impensable, en la corte del rey Sol no se podía hablar ni siquiera de derechos. Lo que sucedió fue que el talento de esta niña era tan inmenso y evidente que la manera de improvisar al clavecín de Elisabeth, con tan solo cinco años, convenció al propio rey que debía estudiar y recibir la mejor formación posible. Evidentemente, la mejor formación intelectual y musical solo se encontraba en la corte de Versalles.

La forma de tocar de Elisabeth debía ser tan virtuosísima como expresiva, tal y como podemos observar al escuchar sus piezas compuestas para clavecín, unas piezas equiparables en dificultad, recursos vistosos, adornos y expresividad en el discurso a las mejores piezas de Couperin. También demuestran sus extraordinarias dotes para este instrumento los testimonios de la época donde se relatan las visitas que recibía de compositores de toda Europa, los cuales, viajaban a París para escucharla tocar y para recibir consejos suyos.

Su estancia en Versalles duró hasta los diecinueve años, momento en el que encontró un hombre con el que contrajo matrimonio, también compositor y orgulloso del talento de su mujer, ya que en ningún momento le impidió que continuase con sus composiciones, conciertos y clases particulares. No hay que olvidar que a pesar de que París y Versalles eran focos culturales de Europa y se encontraban muy avanzados culturalmente, las mujeres no gozaban de ninguna libertad para tomar sus propias decisiones. Éstas debían ser aprobadas por sus maridos o valedores. Y si no aprobadas, al menos, no debían ser impedidas por ninguna voluntad masculina. Afortunadamente para Élisabeth Jacquet de la Guerre, no sólo contó con el apoyo, respeto y compresión de su marido, sino que siguió contando con el patrocinio del mismísimo rey Sol, a quien dedica toda su obra. Esto le sirvió para poder compartir honores con el propio Lully, compositor también de la corte.

Su estilo brillante, variado, con recursos armónicos inteligentes e innovadores en ningún momento hace pensar que sea propio de un compositor de segunda fila. Más bien todo lo contrario. Por ejemplo, en Cephale et Procris, ópera de gran éxito compuesta en 1694, con veintinueve años, observamos la grandeza que podemos escuchar en las óperas de Lully, por establecer un paralelismo con el compositor con el que compartía los encargos de la corte y también la fama.

Su estilo cuenta también con unos recitativos muy originales, más melódicos de lo que se acostumbraba en la época y en su obra se pueden encontrar los obligados números de danza propios de la ópera francesa y que tanto gustaban al rey Sol, con una gran variedad de instrumentos de percusión y diferentes ritmos, algunos provenientes del estilo italiano.

En 1700 las desgracias azotan de forma sucesiva su vida. Pierde a sus padres, a su marido, y a su único hijo de diez años, el acontecimiento más trágico de su vida y que la sumiría en el más absoluto silencio durante siete años, tiempo que necesitó de duelo para recuperarse y en el que abandonó su faceta musical tanto compositiva como interpretativa. Así, en 1707 recupera su actividad y se adentra en la forma italiana de la Sonata en trio y en las cantatas. Es en estas historias para soprano y acompañamiento donde se descubre su gran aportación a la música francesa. Estas cantatas religiosas basadas en historias de la Biblia, son los únicos ejemplos de cantatas francesas que se pueden hallar. De entre las dos colecciones de cantatas bíblicas, destacan las que están dedicadas a mujeres del Antiguo Testamento: Esther, Susana y Judith. La tercera colección narra historias mitológicas.

Su reconocimiento y prestigio fue tal, que para la recuperación del rey tras una infección de viruela, enfermedad grave en la época, resultó ser la elegida para que compusiera un Coral con el que se celebraría la buena salud del monarca.  

Lástima es que su obra y su figura cayera en el olvido en la segunda mitad del siglo XVIII como muchos compositores de la época barroca, cuyo estilo nada tenía que ver con el clasicismo representado por el gran Wolfang Amadeus Mozart. La diferencia se encuentra en que cuando se empezaron a recuperar los compositores barrocos, la revisión de la historia de la música fue hecha desde una mirada masculina que pensaba que las compositoras femeninas eran anecdóticas, de segunda fila y su música no tenía calidad. Tan sólo tendrían que haber leído el artículo publicado en 1690 en la revista Mercure Galant donde comparan a Élisabeth con Lully y la definen como la músico y compositora más prominente de la corte y se habrían dado cuenta de su gran error. Ello habría supuesto un gran vuelco al repertorio barroco francés.

(Versión valenciano)

Quan es parla de les dones en la història de la música és habitual contar històries de talents immensos no reconeguts, renúncies, publicacions sota pseudònims masculins o, la qual cosa és pitjor, publicacions amagant l’autoria. Són històries de falta de reconeixement social, tristesa i resignació. Són històries de desigualtat pel mer fet de ser dona.

Però, de vegades, es troben històries de compositores que van gaudir del reconeixement, de l’èxit i la valoració durant la seua trajectòria personal, encara que amb molt d’esforç, per descomptat.

Aquest és el cas de Élisabeth-Claude Jacquet de la Guerre, clavecinista brillant, nascuda el 1665 i coneguda com la Petit Merveille després de ser presentada en la cort del rei Lluís XIV a l’edat de cinc anys. Va ser gràcies a aquesta presentació que, a partir d’aqueix moment, es va quedar en la cort de Versalles, vivint en casa de la duquessa de Montespan (favorita del rei), on va rebre una educació exquisida que tindria com a objectiu desenvolupar el seu potencial al màxim. No és que el rei Sol tinguera un atac de feminisme i donara suport a la seua formació musical i l’animara a estudiar, no sols clavecí, sinó també els secrets de la composició, no!, res d’això! Parlar de drets de la dona en la cort del rei Sol era impensable, en la cort del rei Sol no es podia parlar ni tan sols de drets. El que va succeir va ser que el talent d’aquesta xiqueta era tan immens i evident que la manera d’improvisar al clavecí d’Elisabeth, amb tan sols cinc anys, va convéncer el propi rei que havia d’estudiar i rebre la millor formació possible. Evidentment, la millor formació intel·lectual i musical només es trobava a la cort de Versalles.

La manera de tocar d’Elisabeth havia de ser tan virtuosa com expressiva, tal com podem observar en escoltar les seues peces compostes per a clavecí, unes peces equiparables en dificultat, recursos vistosos, adorns i expressivitat en el discurs a les millors peces de Rameau o Couperin. També demostren els seus extraordinaris dots per a aquest instrument els testimoniatges de l’època on es relaten les visites que rebia de compositors de tot Europa, els quals viatjaven a París per a sentir-la tocar i per a rebre els seus consells.

La seua estada a Versalles va durar fins als dènou anys, moment què va trobar un home, també compositor, amb qui va contraure matrimoni. Orgullós del talent de la seua dona, en cap moment li va impedir que continuara amb les seues composicions, concerts i classes particulars. Cal no oblidar que a pesar que París i Versalles eren focus culturals d’Europa i es trobaven molt avançats culturalment, les dones no gaudien de cap llibertat per a prendre decisions, aquestes havien de ser aprovades pels seus marits o valedors i, si no aprovades, almenys no havien de ser impedides per cap voluntat masculina. Afortunadament per a Élisabeth Jacquet de la Guerre, no sols va tindre el suport, respecte i compressió del seu marit, sinó que va continuar amb el patrocini del mateix rei Sol, a qui dedicà tota la seua obra. Això li va servir per a poder compartir honors amb el propi Lully, compositor també de la cort.

El seu estil brillant, variat, amb recursos harmònics intel·ligents i innovadors, en cap moment fa pensar que siga propi d’un compositor de segona fila. Més aviat tot el contrari. Per exemple, en Cephale et Procris, òpera de gran èxit composta en 1694, amb vint-i-nou anys, observem la grandesa que podem escoltar en les òperes de Lully, per establir un paral·lelisme amb el compositor amb el qual compartia els encàrrecs de la cort i també la fama. El seu estil compta també amb uns recitatius molt originals, molt més melòdics del que s’acostumava a l’època, i en la seua obra es poden trobar els obligats números de dansa propis de l’òpera francesa i que tant agradaven al rei Sol, amb una gran varietat d’instruments de percussió i diferents ritmes, alguns provinents de l’estil italià.

El 1700 les desgràcies assoten de manera successiva la seua vida. Perd els seus pares, el seu marit, i el seu únic fill de deu anys, l’esdeveniment més tràgic de la seua vida que la sumiria en el més absolut silenci durant set anys, temps que va necessitar de dol per a recuperar-se i en el qual va abandonar la seua faceta musical tant compositiva com interpretativa. Així, el 1707 recupera la seua activitat i s’endinsa en la forma italiana de la Sonata en trio i en les cantates. És en aquestes històries per a soprano i acompanyament on es descobreix la seua gran aportació a la música francesa. Aquestes cantates religioses basades en històries de la Bíblia són els únics exemples de cantates franceses que es poden trobar. D’entre les dues col·leccions de cantates bíbliques, destaquen les que estan dedicades a dones de l’Antic Testament: Esther, Susana i Judith. La tercera col·lecció narra històries mitològiques.

El seu reconeixement i prestigi va ser tal que per a la recuperació del rei després d’una infecció de pigota, malaltia greu en l’època, va ser l’elegida perquè componguera un Coral per a celebrar la bona salut del monarca.

Llàstima que la seua obra i la seua figura caiguera en l’oblit en la segona meitat del segle XVIII, com molts compositors de l’època barroca, l’estil de la qual res tenia a veure amb el classicisme representat pel gran Wolfang Amadeus Mozart. La diferència es troba en què quan es van començar a recuperar els compositors barrocs, la revisió de la història de la música va ser feta des d’una mirada masculina que pensava que les compositores femenines eren anecdòtiques, de segona fila i la seua música no tenia qualitat. Tan sols haurien d’haver llegit l’article publicat en 1690 en la revista Mercure Galant on comparen Élisabeth amb Lully i la defineixen com la música i compositora més prominent de la cort, i s’haurien adonat del seu gran error. Això hauria suposat un gran gir en el repertori barroc francés.

Élisabeth Jacquet de la Guerre (París 1665 – París 1729)

Publicado por rosellolmos

Profesora de piano de vocación, amante de la música y apasionada de las artes. Conjugando todo esto con la educación surge un blog con la clara intención pedagógica de difundir la música clásica y con el objetivo de que esta sea incluída por los jóvenes en sus listas de música

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